lunes, 5 de julio de 2010

Parábola del buen samaritano: Aplicaciones



Parábola del buen samaritano: Aplicaciones

1ª.- Si se ve en este relato una enseñanza de Jesús a cerca de la primacía del amor sobre la liturgia, la parábola es una critica de la postura de los creyentes que viven preocupados por su relación cultual con Dios, por su oración y, al mismo tiempo, dan rodeos en las necesidades del hermano.

La parábola es una crítica tremenda contra la postura de aquellos creyentes que sirven litúrgicamente a su Dios y después pasan de largo junto a las necesidades concretas de la humanidad.

Desde esta parábola hay que criticar cualquier estructura, cualquier forma religiosa: Eucaristía, vivencia litúrgica...que se convierta en obstáculo o por lo menos no nos lleve a amar eficazmente a la persona necesitada. La renovación de la Iglesia no puede consistir en una renovación litúrgica, ni mucho menos, porque eso no es lo principal según el mensaje de Jesús.

2ª.- La parábola nos descubre también que las exigencias del amor cristiano son ilimitadas. El amor cristiano no excluye a nadie, nos debemos a toda persona que nos necesite. Por lo tanto, reducir el amor cristiano a los límites de mi pueblo, de mi raza, mi religión, mi ideología, mi familia, mi clase social...no es una actitud cristiana. La postura verdaderamente cristiana es la de un amor universal que no excluye a nadie.

Pero, ¡atención!, hablar de un amor universal, sin fronteras, no es quitar realismo, eficacia ni concreción al amor cristiano. Amar a todos los hombres se traduce, en la vida limitada de una persona, en amar totalmente a quienes están junto a mí. Puedo decir que amo a todos los hombres en la medida que amo totalmente a los que puedo amar prácticamente porque están junto a mí. Entonces puedo decir que mi amor es universal.

3ª.- El amor cristiano, según Jesús, no es un precepto, ni siquiera el primero. San Juan dirá: “Este es el mandato”. Jesús no habla de su mandato. Por lo tanto no se pueden fijar ni definir de antemano las obligaciones ni los límites del amor. Por eso, concretamos: El amor cristiano no puede quedar reducido a una serie de obligaciones hacia unas determinadas personas con quienes nos creemos obligadas.

El amor cristiano tampoco puede quedar reducido a una serie de prácticas, de caridades hechas a unas personas con las que nos sentimos más obligados.

Por otra parte, el amor cristiano no puede estar limitado a una serie de prácticas o costumbres tranquilizadores: limosnas, ayudas... En esta actitud todavía no se ha salido del judaísmo. Ser cristiano no es cumplir obligaciones de amor, de caridad; ser cristiano, según Jesús, es: "Estar atento, estar cercano a todas las necesidades de las personas; vivir siempre alerta para ver quién nos puede necesitar sin dar rodeos; acercarnos a las personas, al pueblo, a los grupos, a la Iglesia que me puede necesitar”. Una vez más, ser cristiano es no dar rodeos ante una necesidad.

Por eso digo, que el amor cristiano no es un mandamiento, ni siquiera el primero; es TODO UN ESTILO DE VIVIR, TODO UN CAMINAR EN LA VIDA: "Haz eso y vivirás", dice Jesús. Ser cristiano es ser como el samaritano, caminar por la vida acercándonos al que nos necesita cerca de él.

4ª.- Hemos dicho que el amor cristiano no es un precepto, ni siquiera el principal; por consiguiente, hay que concluir esto: "no se puede amar fundamentando este amor simplemente en una obligación". No hacemos nada con decir que el amor es nuestro primer mandamiento; con eso no se fuerza a nadie a amar. No se puede amar a nadie sólo por un precepto: "Un gobernador que dijera: Hay que amar a los de tal provincia"; "tú, chica, tienes que amar a este chico, por obligación" etc.; todo eso no tiene sentido; el amor sale o no sale. La capacidad de amar nace cuando uno se siente amado. El que no se cree amado, no ama, o pocas fuerzas tendrá para amar. Se esforzará, pero volverá a no amar.

Por eso, Jesús, lo primero que nos dice es "que Dios nos ama, que está cerca de nosotros, que se ha hecho prójimo nuestro", y sólo el que haya descubierto esto, podrá mar. Tenemos que creer en el amor con que Dios nos ama, si queremos tener fuerzas para amar. Si uno no se siente profundamente y totalmente amado por alguien, amado por Dios, muy pocas fuerzas tendrá para amar. Entonces, lo primero que tengo que descubrir es que Dios es mi prójimo, si quiero tener fuerzas para amar, ser prójimo de los demás. Necesito sentir a Dios como mi amigo, si quiero tener fuerzas para amar a mis enemigos. Sería muy triste para nosotros, si habiendo renunciado a un amor humano, no nos sintiéramos amados por Dios; de ello se deduce que podemos caer en el riesgo real de vivir en la vida como personas que se sienten muy poco amadas, y por lo tanto amargadas y con muy poca capacidad de amar; ni siquiera con la capacidad que pueda dar el amor humano. Esto es muy serio.

5ª. - La parábola en Lucas. Aunque no nos hemos detenido en él, es una exhortación a la acción. La escena que ha provocado la parábola es la siguiente: "¿Qué he de hacer para entrar en la vida eterna?". El camino no es saber doctrina, sino que lo principal es el amor a Dios y al prójimo. El único camino, en último término es, el amor práctico al necesitado.

Y volvemos a la enseñanza fundamental de Jesús, que vimos también en las últimas parábolas. Jesús ha hecho una crítica de todo cristianismo que quede solamente en pura teoría impracticable, un cristianismo que no lleve a la práctica.

Terminamos recordando la parábola con la que el Hijo del Hombre describe el Juicio final, en la que hace la división de los hombres según hayan amado a sus hermanos.

Hay dos posturas:

-Unos hombres han amado al necesitado; le han dado un vaso de agua, le han vestido, le han dado de comer, etc...; han amado a quien tenían junto a sí necesitado, incluso como si fuera Dios. Ha habido unos hombres que han amado a los necesitados, y que lo hubieran hecho aunque no hubiera existido Dios.

-Otros hombres, no han amado prácticamente al necesitado; quizá lo hubieran hecho si se hubiesen encontrado allí con Dios: "No sabíamos que era así".

Independientemente de las motivaciones, sólo entrará en la vida eterna el que haya amado prácticamente al necesitado. Pues el que ama está lleno de Dios; y en la medida en que ame de verdad, es Hijo de Dios, y le corresponde entrar en la vida de los hijos de Dios. Cerrarse al amor, según Jesús, es encerrarse en sí mismo y cerrarse al hermano. El que no ama, dará la justificación que quiera, pero no entrará en la vida de los hijos de Dios.

domingo, 20 de junio de 2010

¿quién decís que soy yo?



Visita el artículo: Vicente Ferrer, un heroe desconocido. en Noticias.

El pasado domingo día 20 de junio vimos como Jesús nos preguntaba "¿quién decís que soy yo?"
Vamos a transcribir un trozo del libro de José Antonio Pagola "Jesús, aproximación histórica" que viene a colación del Evangelio del domingo.

¿QUIEN SOY YO PARA TI?

Según un relato evangélico, estando Jesús de camino por la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos qué se decía de él. Cuando ellos le informaron de los rumores y expectativas que comenzaban a suscitarse entre la gente, Jesús les preguntó directamente: "Y voso-tros, ¿quién decís que soy yo?"

Transcurridos veinte siglos, cualquier persona que se acerca con interés y honestidad a la figura de Jesús, se encuentra enfrentado a esta pregunta: "¿Quien es Jesús?". La respuesta solo puede ser personal. Soy yo quien tengo que responder. Se me pregunta qué digo yo, no qué dicen los concilios que han formulado los grandes dogmas cristo-lógicos, no qué explican los teólogos ni a qué conclusiones llegan hoy los exegetas e investigadores de Jesús.

Volver a Jesús. Esto es lo primero y más decisivo: poner a Jesús en el centro del cristianismo. Todo lo demás viene después. ¿Qué puede haber más urgente y necesario para los cristianos que despertar entre nosotros la pasión por la fidelidad a Jesús? Es lo mejor que tenemos en la Iglesia. Lo mejor que podemos ofrecer y comunicar al mundo de hoy.

No quiero creer en un Cristo sin carne. Se me hace difícil alimentar mi fe solo de doctrina. No creo que los cristianos podamos vivir hoy motivados solo por un conjunto de verdades acerca de Cristo. Necesitamos el contacto vivo con su persona: conocer mejor a Jesús y sintonizar vitalmente con él.

Todos tenemos un cierto riesgo de convertir a Cristo en "objeto de culto" exclusivamente: una especie de icono venerable, con rostro sin duda atractivo y majestuoso, pero del que han quedado borrados, en un grado u otro, los trazos de aquel profeta de fuego que recorrió Galilea por los años treinta. ¿No necesitamos hoy los cristianos conocerlo de manera más viva y concreta, comprender mejor su proyecto, captar bien su intuición de fondo y contagiarnos de su pasión por Dios y por el ser humano?

Creer en el Dios de la vida. En estos tiempos de profunda crisis religiosa no basta creer en cualquier Dios; necesitamos discernir cuál es el verdadero. No es suficiente afirmar que Jesús es Dios; es decisivo saber qué Dios se encarna y se revela en Jesús. Me parece muy importante reivindicar hoy, dentro de la Iglesia y de la sociedad contemporánea, el auténtico Dios de Jesús, sin confundirlo con cualquier "dios" elaborado por nosotros desde miedos, ambiciones y fantasmas que tienen poco que ver con la experiencia de Dios que vivió y comunicó Jesús. ¿No ha llegado la hora de promover esta tarea apasionante de "aprender", a partir de Jesús, quién es Dios, cómo es, cómo nos siente, cómo nos busca, qué quiere para los humanos?

Qué alegría se despertaría en muchos si pudieran intuir en Jesús los rasgos del verdadero Dios. Cómo se encendería su fe si captaran con ojos nuevos el rostro de Dios encarnado en Jesús. Si Dios existe, se parece a Jesús. Su manera de ser, sus palabras, sus gestos y reacciones son detalles de la revelación de Dios. Se ve enseguida que, para él, Dios no es un concepto, sino una presencia amistosa y cercana que hace vivir y amar la vida de manera diferente. No es alguien extraño que, desde lejos, controla el mundo y presiona nuestras pobres vidas; es el Amigo que, desde dentro, comparte nuestra existencia y se convierte en la luz más clara y la fuerza más segura para enfrentarnos a la dureza de la vida y al misterio de la muerte.

Vivir para el reino de Dios. Una pregunta brota en quien busca sintonizar con Jesús: ¿qué es para él lo más importante, el centro de su vida, la causa a la que se dedicó por entero, su preferencia absoluta? La respuesta no ofrece duda alguna: Jesús vive para el reino de Dios. No habla de Dios sin más, sino de Dios y su reino de paz, compasión y justicia. No llama a la gente a hacer penitencia ante Dios, sino a "entrar" en su reino. No invita, sin más, a buscar a Dios, sino a "buscar el reino de Dios y su justicia". Cuando pone en marcha un movimiento de seguidores que prolonguen su misión no los envía a realizar una nueva religión, sino a anunciar y promover el reino de Dios.

¿Cómo sería la vida si todos nos pareciéramos un poco más a Dios? Este es el gran anhelo de Jesús: construir la vida tal como la quiere Dios. Habrá que hacer muchas cosas, pero hay tareas que Jesús subraya de manera preferente: introducir en el mundo la compasión de Dios; poner a la humanidad mirando hacia los últimos; construir un mundo más justo, empezando por los más olvidados; sembrar gestos de bondad para aliviar el sufrimiento; enseñar a vivir confiando en Dios Padre, que quiere una vida feliz para sus hijos e hijas. Desgraciadamente, el reino de Dios es a veces una realidad olvidada por no pocos cristianos.

Seguir a Jesús. Jesús puso en marcha un movimiento de "seguidores" que se encargara de anunciar y promover su proyecto del "reino de Dios". De ahí proviene la iglesia de Jesús. Por eso, nada hay más decisivo para nosotros que reactivar una y otra vez dentro de la Iglesia el seguimiento fiel a su persona. El seguimiento a Jesús es lo único que nos hace cristianos. Es como empezar a vivir de manera diferente la fe, la vida y realidad de cada día. Creer en lo que él creyó; vivir lo que él vivió; dar importancia a lo que él se la daba; interesarse por lo que él se interesó; tratar a las personas como él las trató; mirar la vida como la miraba él; orar como él oró; contagiar esperanza como la contagiaba él.

Construir la Iglesia de Jesús. No todos los cristianos tenemos la misma visión de la realidad eclesial; nuestra perspectiva y talante, nuestro modo de percibir y vivir su misterio es, con frecuencia, no solo diferente sino contrapuesto. Jesús no separa a ningún creyente de su Iglesia, no le enfrenta a ella.

Quiero vivir en la Iglesia convirtiéndome a Jesús. Esa ha de ser mi primera contribución. Quiero trabajar por una Iglesia a la que la gente sienta como "amiga de pecadores". Una Iglesia que busca a los "perdidos", descuidando tal vez otros aspectos que pueden parecer más importantes. Una Iglesia donde la mujer ocupe el lugar querido realmente por Jesús. Una Iglesia preocupada por la felicidad de las personas, que acoge, escucha y acompaña a cuantos sufren. Quiero una Iglesia de corazón grande en la que cada mañana nos pongamos a trabajar por el reino, sabiendo que Dios ha hecho salir el sol sobre buenos y malos.

Vivir y morir con la esperanza de Jesús. Según los evangelios, al morir, Jesús "dio un fuerte grito". No era solo el grito final de un moribundo. En aquel grito estaban gritando todos los crucificados de la historia. En el mundo hay un "exceso" de sufrimiento inocente e irracional. Quienes vivimos satisfechos en la sociedad de la a abundancia podemos alimentar algunas ilusiones efímeras, pero ¿hay algo que pueda ofrecer al ser humano un fundamento definitivo para la esperanza? Si todo acaba con la muerte ¿quién nos puede consolar? La resurrección de Jesús es para nosotros la razón última y la fuerza de nuestra esperanza: lo que nos alienta para trabajar por un mundo más humano, según el corazón de Dios, y lo que nos hace esperar confiados su salvación.

José Antonio PAGOLA. JESUS. PPC. 463-469 (Resumen)


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viernes, 26 de marzo de 2010

Primeras comuniones



Misas de primera comunión


08-05-2010 --- sábado ----- 13:00 horas (bilingue)

09-05-2010 --- domingo --- 13:00 horas (bilingue)

15-05-2010 --- sábado ----- 13:00 horas (bilingue)

16-05-2010 --- domingo --- 13:00 horas (bilingue)

jueves, 25 de marzo de 2010

Bienvenida

24/03/2010
Monseñor Romero - El Santo de América

Hoy se cumplen 30 años del asesinato del monseñor Oscar Arnulfo Romero y Galdamez, arzobisto de San Salvador (El Salvador).

Nació el 15/08/1917 en Ciudad Barrios (El Salvador).El día lunes 24 de marzo de 1980 fue asesinado cuando oficiaba una misa en la capilla del hospital de La Divina Providencia en la colonia Miramonte de San Salvador. Un disparo hecho por un francotirador impactó en su corazón, momentos antes de la Sagrada Consagración. Al ser asesinado, tenía 62 años de edad.
Fue nombrado arzobispo con el apoyo del Gobierno Militar de El Salvador, apenas estuvo tres años al frente de la archidiócesis salvadoreña, pero fueron suficientes para convertirse en el profeta de la liberación de un pequeño pais centroamericano sumido en una imparable espiral de violencia y agredido por el ejército al servicio de los intereses de la oligarquía local y del imperio norteamericano.

Un día antes de su muerte, hizo un enérgico llamamiento al ejército salvadoreño, que trasgredió la linea roja y puso en marcha el reloj que media sus últimas horas:

Yo quisiera hacer un llamamiento, de manera especial, a los hombres del ejército. Y en concreto, a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles... Hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos campesinos. Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: "No matar". Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia, y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión.
-Oscar Romero